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Primeros meses

A estas alturas, y muy sinceramente, ya no recuerdo si se lo dijimos a ella. Es probable porque mi hermano menor es el que siempre dice: "La verdad es la verdad ". La cosa es que nunca se vio ni sobresalta, ni sorprendida, ni nada de nada. Los meses siguieron avanzando y ella y sus cambios de humor, delirios de persecución, olvidos varios, como el gas dado, el agua corriente nos obligaron a seguirla en todo momento, pero ella... su mente más bien, aunque más loquita, no era nada de lesa, se daba cuenta de la vigilancia y buscaba formas de evadirla. Y no paraba en todo el día y a veces en las noches... ni pensar en dormir nuestras ocho horas sagradas.

El diagnóstico

 Desde que me entregaron los exámenes de mi madre quise abrirlos de inmediato... caminé un par de cuadras hasta que no resistí otro segundo más... En ese delicado y sutil vocabulario técnico, esa jerga médica que te restriegan en la cara creyéndonos a todos iletrados o solo pobres campesinos, lo entendí rápidamente, aunque sola y sin exámenes yo misma había hecho el diagnóstico, bastante tiempo atrás.  Mi madre, mi mamita, mi mamá,  mi viejita linda tenia ALZHEIMER